Flip Gordon estaba en la lona.
Se encontraba en la arena como luchador de lucha libre en México, recibiendo una paliza en un reciente combate de parejas.
Lo que más llamó la atención, mientras los cuerpos volaban por el ring y el musculoso Gordon luchaba por recuperarse, fue el breve cántico que resonó en el aire mientras luchaba aquella noche: “¡Gringo! ¡Gringo! Gringo!”
Cuando Gordon, cuyo verdadero nombre es Travis Gordon Lopes Jr., se lanza al ring, su presencia plantea algunas preguntas potencialmente incómodas.
¿Qué ocurre cuando un estadounidense, y además exsoldado de Estados Unidos, compite en una forma de entretenimiento profundamente mexicana —conocida por sus coloridas máscaras, extravagantes atuendos y actos de alto vuelo— mientras lleva camuflaje, botas y placas de identificación? ¿Puede una afición ligada al nacionalismo mexicano, espoleada por las amenazas del presidente Donald Trump de emprender acciones militares en su país, aceptar y animar a un hombre vestido como GI Joe?
¿Y qué le ocurre a un luchador que se ha convertido en migrante en México en un momento de intensa tensión entre su país de origen y su nuevo hogar?
Independientemente de su vestimenta, los extranjeros del mundo de la lucha libre suelen luchar como “rudos”, tipos malos que se saltan las normas y utilizan la fuerza bruta. Pero en un giro inesperado, y a pesar de su atuendo de soldado estadounidense, Gordon en realidad lucha como “técnico”, un tipo bueno, debido a su estilo más acrobático y refinado, y a cómo se ganó a las multitudes.










